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En un entorno privilegiado, en plena naturaleza, se encuentra la residencia Pureza de María de Ontinyent. Desde el siglo pasado época en que la escasez de oferta obligaba a muchas familias a decidir por enviar a sus hijas al internado para que pudiesen cursar estudios medios. Las internas permanecían en el centro durante la semana para  poder seguir su formación. De hecho el colegio Pureza de María ha sido pionero en el apoyo a la promoción de la mujer desde sus inicios.

Hoy en día el internado se ha convertido en una residencia de alto rendimiento y  se puede considerar que es mucho más, se podría decir que es una residencia, dónde las alumnas que asisten de forma voluntaria, pueden disfrutar de un ambiente estructurado, tanto para los estudios de bachiller como para los de la educación secundaria. La residencia no sólo se prepara para la escuela, sino que también para la vida.

Está probado que en muchos casos el tener un ambiente controlado, dónde se evitan los elementos distractores y se dispone de un entorno favorecedor los resultados mejoran.

Residente estudiando

Así ocurre en nuestro colegio, las alumnas disponen de todo el apoyo que necesitan, y de esa forma mejoran tanto a nivel académico, como personal. Es un lugar donde la convivencia diaria con compañeros de diversos lugares de procedencia hace que cada día sea toda una riqueza. Esa convivencia fomenta un espíritu abierto, dialogante, flexible, que valora la aportación y la sensibilidad de cada uno, y  contribuye al crecimiento y a la madurez personal.

Algunos de los argumentos a favor de acudir a un internado serían:

– El establecimiento de contactos sociales, muy positivo para el futuro

– Las alumnas residentes adquieren competencia social, aprender a trabajar en equipo, son tolerantes y establecen límites tanto de los propios deseos como a las exigencias de los demás.

– El estilo de vida ordenada y sometido a reglas concretas, ayuda a los menores a estructurarse y evita la sobreprotección de los progenitores.

– Se pueden paliar las tensiones que surgen en la adolescencia en el entorno familiar.

– Se garantiza un desarrollo personal positivo del menor, con la adquisición de la seguridad de uno mismo, un aprendizaje continuado y un adecuado sistema de trabajo.

– También es una ventaja para los padres que tengan una vida laboral intensa.

-La convivencia en la residencia también fomenta la aceptación de la crítica, el sentido del esfuerzo personal y la confianza en uno mismo. Los menores también aprenden a defender sus ideas y a amoldarse a las circunstancias  en situaciones de crisis.

– En la residencia se adquieren amistades que duran toda la vida.

La relación con las familias es fluida, y se mantienen al menos una reunión mensual y contactos telefónicos semanales, también como parte del sistema del colegio, se dispone del Educator, herramienta de gestión que aporta informes diarios a nivel comportamental y académico del alumno.

El horario de la residencia es de lunes a viernes por la tarde, las alumnas tienen un horario estructurado durante la semana.

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